UN
SIGNIFICADO DEL SÍMBOLO DE LA
CRUZ
Me
desperté esta mañana a las 8hs con un pensamiento del símbolo de la cruz en mi
mente. Como estas “señales” para mi son internas y muchas veces me condujeron a
comprensiones, decidí escribir. Al terminar el escrito y compartirlo con mi
esposa, con quien lo corregimos, ella me comentó que dos días antes le había
llamado la atención una cruz de ambos lados iguales que divisó en el suelo, la
cual brillaba con el reflejo del sol, y lo comentó recién ahora por la evidente
coincidencia.
Sabemos que el símbolo de la cruz es un
símbolo ancestral, más antiguo que las religiones mismas. Aunque habitualmente
se lo relacione con el Cristianismo, es un símbolo arcaico, ó mejor podríamos
decir cósmico y esotérico, y podríamos decir que es un símbolo geométrico
básico, ya que consta de 2 líneas que se cruzan en un punto. A partir de allí,
este símbolo ha sido empleado para justificar creencias que, sin desmerecerlas,
tal vez no nos han permitido ir más allá en su profundo significado. Existe un
trasfondo de creencias inconscientes en el ser humano, que forman parte de lo
que Jung llamó el inconsciente colectivo, y creo que el símbolo de la cruz asociado
al dolor forma parte de ese trasfondo condicionante. Podríamos seguir desarrollando
este tema, que es muy interesante, pero voy ahora directo al punto de lo que vi
esta mañana justo antes de abrir los ojos, tras lo cual reflexiones siguieron.
Una línea de la cruz (digamos, la
vertical) es el espacio, la otra (la horizontal) el tiempo. Tiempo y espacio se
cruzan en un punto, en ese punto ya no hay tiempo ni espacio, por que ambos al
fusionarse se transforman en otra cosa, así como al combinar 2 elementos
químicos surge otro diferente (quien entiende de química sabe esto). Podríamos
llamarle “espatiempo”, si queremos ponerle un nombre, aunque no interesa el
nombre sino a donde apunta esto. Esa intersección de tiempo y espacio en ‘un
punto’ interno en nosotros es la revolución de la conciencia. Aclararé esto
lo mejor que pueda, aunque sea dificultoso el encontrar las palabras, por que
al hablar de una nueva consciencia, no-dual, las palabras no sirven, por que
todo el lenguaje se basa en la ilusión de la “forma” y la conciencia dual.
El hombre vive habitualmente en su vida diaria
con seguidilla de pensamientos que lo envuelven, durante todo el día vive
comúnmente con preocupaciones conscientes e inconscientes, y podríamos decir
que el mundo emocional juega un gran papel en esto. Vivimos preocupados por el
pasado, con culpas, rencores o dolores que vienen de ese pasado, o nos
preocupamos por el futuro, deseando dar solución a los aparentes problemas, ó
deseando cosas ó logros. Ésta (muy estereotipada y sintetizada) es la vida del
hombre ¿no es cierto?. Ese tipo de vida o consciencia corresponde a la etapa
evolutiva humana del “dolor”, que metafísicamente se dice que lleva muchas
vidas. El hombre vive envuelto en capas de emociones y pensamientos
(correspondientes a los planos inferiores: astral y mental inferior) y no puede
salir de allí, en esas áreas se mueve y vive, esa es su consciencia, ese es su
“yo” (ego ilusorio ó psicológico). Ese nivel de consciencia es el predominante
en nuestra humanidad, por eso el resultado o expresión en el mundo de ese grado
de conciencia es el conflicto, las guerras y el sufrimiento. Lo que somos,
reflejamos y creamos. La humanidad en su conjunto aún no salió de ese nivel de
vida y experiencia. Pero ya comienza a vislumbrarse una nueva consciencia en la
cual no hay conflicto, preocupaciones o sufrimiento, cada vez hay más seres que
van descubriendo este despertar. Antes, solo seres como un Jesús o un Buda, ó
un Lao Tsé tenían ese estado interno, y en torno a ellos se fundaron
religiones. Pero ahora el despertar pienso que está sucediendo a muchos más.
Ese despertar requiere de una “purificación”, que podríamos decir que consiste
simplemente en limpiarnos de esas capas de pensamientos y sentimientos, que
vienen de condicionamientos de experiencias pasadas. Para que suceda esa
purificación integral en nosotros hay que entregarse a ello…, pero ese sería
otro tema a desarrollar.
La
seguidilla de pensamientos no cesan casi nunca por que estamos atrapados en “el
pasado” (consciente ó inconscientemente esto es así), estamos atrapados en
nuestro trasfondo psicológico. Lo que llamamos “futuro” es en realidad la
proyección de nuestro pasado, es proyección mental formada con elementos variados
del pasado. Nuestros deseos, lo que deseamos para el futuro, están enraizados
en experiencias del pasado, por eso decimos que en realidad, el futuro, es
proyección del pasado. Y por otro lado, si pensamos más hondamente, lo que
llamamos “pasado” no existe en algún lugar “detrás de nosotros”, no es algo
distante o lejano, sino algo vivo aquí y ahora. Nuestro pasado son esas capas
de pensamientos y emociones que nos envuelven, y están con nosotros a cada
instante. Esto es en realidad ‘el pasado’, una energía constante y sonante aquí
y ahora, y como suele ser en su mayor parte inconsciente, no lo advertimos,
comúnmente creyendo que el pasado ya ha pasado, y ya lo hemos superado. Superar
el pasado significa superar ó trascender el “yo” por que el yo es el pasado, y
esto es “purificación” hasta su final.
Nuestra
mente se ha transformado en algo semejante a una máquina que repite lo que
escucha, ó repite siempre lo que está en su trasfondo, y no sale de allí…,
pareciera que damos vueltas y vueltas en una calesita, pensando que avanzamos,
y no es así, sólo parece que se avanza, pero no salimos del sitio de
mecanicidad, insatisfacción permanente y preocupación en el que estamos. Nuestra
mente mecánica es el problema. Aclaramos, sin embargo, que el problema no es la
mente en sí, sino su estado mecánico; si trascendemos el estado de mecanicidad,
la mente quedará limpia y será capaz de ser espejo de energías superiores, pero
no mientras sea mecánica y condicionada.
Es
común que nuestra mente siempre esté en las cosas externas, pero para que
realmente se produzca un cambio hay que comenzar a observar la propia mente,
para descubrirnos en nuestros los pensamientos, emociones y actos, para poder
ver lo repetitivos que somos; si no emprendemos este camino el cambio real no
sucederá. Pero para emprender este camino tenemos que ver, que darnos cuenta,
que no existe algo más importante que esta tarea interior; cuando lo vemos no
podemos aplazar ya más esta labor interior.
Nuestra
mente está acostumbrada a pensar en forma dual, las palabras son duales, y
nuestros órganos sensorios nos producen la sensación de estar separados del
resto de las cosas, y esto ocurre por que estamos apegados a la forma, creemos
que somos el cuerpo físico, siendo éste no más que un ropaje transitorio.
Cuando hablo de formas también me refiero a los pensamientos, los pensamientos
son formas mentales, y nos apegamos a esas formas también, identificándonos con
ideas, creencias e ideales, nos aferramos a ellos, somos eso… Pero…: ¿Somos
eso…? Claro que no, no somos los pensamientos, ni las emociones tampoco. ¿Qué
somos…? O más correctamente expresado: ¿Qué soy?
Alguien que está leyendo podría pensar
que me fui de tema, por que el título es “un
significado del símbolo de la cruz”, pero jamás me fui del tema.
El
hombre que vive en esta consciencia de “yo”, consciencia condicionada y
prisionera del tiempo, no puede ser libre. La Libertad está en el AQUÍ-AHORA,
justamente en la intersección de la cruz, en “el punto” de intersección entre
espacio y tiempo. No imaginemos a este punto fuera de nosotros, es un “punto
interno”. Este estado ó punto es “no-mente”, ó mejor dicho, un estado más allá
de la mente mecánica. No es un estado de dualidad, donde la consciencia se
siente dividida, “yo aquí y Dios allá…”, sino que es un estado de UNIDAD. Dios
es el SER, yo soy el SER, la
Seidad , no hay divisiones. Yo Soy Aquí-Ahora el Ser Uno,
eternidad sin tiempo: es un estado de Paz y Comprensión donde no interviene la
mente discursiva.
La
excesiva devoción, por ejemplo, es un estado de dualidad aún. Si bien la
devoción es parte importante en el sendero espiritual, tiene distintas formas y
grados, que pueden ir desde una dualidad total condicionada por las creencias y
las necesidades psicológicas, hasta una devoción impersonal y sosegada, más
empapada del perfume de la unidad.
El
punto de intersección de ambas líneas, entonces, es el AQUÍ (todo el espacio se
reúne en un punto: “Aquí”, no deseo estar en otro lugar,) y AHORA, pero ese
Ahora no es entendido como el presente, por que el presente es parte de una
trinidad: ‘pasado-presente-futuro’, y estas nociones forman parte de la mente
condicionada. En realidad lo que llamamos “presente” es ‘nuestro pasado
siempre presente’; no nos hemos liberado del pasado. En cambio el Ahora no
es tiempo, es “no-tiempo”, “no mente”, “no-yo”(1), es liberación del peso del
pasado. El Ahora se vive solo cuando no hay yo. Cuando contemplamos un
atardecer, por ejemplo, y quedamos un momento en silencio absorbidos en la
belleza, allí no hay pensamientos, no hay yo, es ese instante somos uno con el
atardecer, perdemos consciencia del yo y estamos en estado de contemplación; pero
enseguida luego vuelve el yo con sus mecanismos, y esto ocurre por que aún
estamos envueltos en capas de pensamientos y emociones, aún la purificación no
ha terminado su trabajo, no estamos “limpios” (las “blancas vestiduras” de las
que habla la Biblia ),
por eso vuelve el estado habitual de consciencia después de una experiencia de
unidad como esa. Hemos tenido un espacio “sin tiempo” por un instante, hemos
estado en el centro de la cruz por un momento… A lo largo de nuestras vidas
sucede en ocasiones que pasamos por ese “centro”, nos sucede muchas veces, pero
no somos conscientes de esto, enseguida volvemos siempre al “yo” con sus
mecanismos e identificaciones; nuestro discernimiento no ha despertado todavía,
aún necesitamos de la experiencia del dolor y la dualidad.
Hay
que aclarar que el Ahora, ese “punto” interno siempre está, no desaparece
jamás, pero queda oculto y velado cuando aflora el “yo” con sus mecanismos. Por
eso un conocido libro de Teosofía dice: “la
mente es la matadora de lo real”. A la luz de lo que estamos hablando, este
enunciado puede ser comprendido.
Existe
un símbolo de la cruz llamado “Cruz Orlada”, muy popular en esta época. Esa
cruz, con sus dos brazos iguales tiene un corazón justo en el centro, justo en el
“punto” donde se cruzan los dos brazos de la cruz. Este corazón es el Ahora, es
el Ser, es la Unidad ,
es LA VIDA , por
que sólo se vive realmente en el Ahora, que es eternidad. El tiempo no existe,
es una sensación. Nuestro verdadero Ser es eternidad. Este es el corazón de la
Cruz Orlada , el punto de unión entre
espacio y tiempo del que hablábamos.
Este
es el corazón del significado de la Cruz
Orlada. Este símbolo habla de nosotros mismos, habla de la
nueva consciencia, no es un símbolo externo, es una energía interna en
nosotros, un señalador de nuestro sendero interior que nos guía hacia la Casa de nuestro Padre, hacia
nuestra Casa, hacia nuestro real Ser en la unidad de la vida.
PAZ
EN LOS CORAZONES
M y M.
1- “no yo”: Por supuesto, hablamos aquí del yo ó ego inferior, de la
mente mecanizada con el condicionamiento. Desde otra visión, el YO, a nivel
espiritual, es el SER universal en todas las cosas, la Presencia en el corazón
de todo, el UNO.